martes, 12 de septiembre de 2017

Palta

                                                                                 Palta

Después de una riada de saludos, una fuerte llovizna que no es sino una tormenta que azota toda la mañana, de toda la planicie, de todo cerro manco; y después de todo orden rutina o de todo detenimiento parcial; justo en ese momento llegan estas palabras con un compendio y un diario del mes pasado bajo el brazo.
No me cabe duda que los anaqueles que ayer vaciaste y desatendiste, hoy se declaran en orden, sin fatiga y ociosos.
Pero de lo que estoy más seguro es que hoy te has detenido por momento, por unos breves minutos, con una cuasimueca en la que caben todas las esperanzas de los desahuciados, los repetidos, los como yo o como él; y aquellas salen relucientes de esas dunas blindadas, bailando cantinelas polkas y rasguidos dobles, ensombreradas y efervescentes.
Esos minutos que has gastado de un cañonazo, que ha salido disparado circundante por una parte de la ventana a través de tu boca; caerán sobre el continente vecino, mañana, temprano junto al desayuno, y volverás a gastar minutos, pero está vez en forma de granada.
Serán derrotados por contracciones del tiempo, pero aun no serán castigados por alguna distracción pasajera, que podría ser el aviso innato de una madre. No serán derrotados si no al tercer día, donde todo aquello queda por debajo de los utensilios de la cocina o debajo de la taza de café.

Esos minutos que se han convertido desde ahora en un rescoldo, esos que he desbaratado, con la lectura o la re lectura, o la lectura de la re lectura; no serán más que otra forma talante de decirte feliz cumpleaños.

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