No puedo decirte muchas cosas,
Porque sería como trazarle más rayos al sol,
Cuando uno sabe que le basta con tres, con dos, o sin ellos.
Le basta tanto, porque es algo único, un cosmos, una vida,
dos o tres, un pájaro en llamas, dos perros oliéndose, una cama desatendida
desde una esquina, tazas repletas y tazas vacías.
El sol mismo es alguien, y alguien mismo puede serlo…
Pero nunca lo sabremos, nunca vamos a saber cuán importante
es alguien o algo para determinarlo, pronunciarlo, balbucearlo como tal.
Podemos sentir inmensos edificios derrumbándose por mareas,
cuando estallan nubes que amasijan a ese sol. Pero podemos sentir también que
ese mismo está rodeado de encanto, melopeas diáfanas, de satélites edénicos y preludios
finales. Todo esto, y aquello, lo percibimos cuando él está sano, cuando uno
está sano.
Y sí, en eso consiste la rotación y la traslación de la
tierra. Totalmente distinto a lo que nos enseñaron en la Manuel Estrada, porque
ellos jamás pudieron verte… allí, muy quieta y sin palabras.
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